El sentido de pertenencia en la escuela es un aspecto crucial para el bienestar y el desarrollo integral de los estudiantes. No se trata solo de adquirir conocimientos, sino también de sentirse parte activa de la comunidad escolar. El sentido de pertenencia se refiere a la conexión emocional y psicológica que los estudiantes sienten hacia su institución educativa. Cuando los alumnos se sienten identificados, valorados y parte integral de la escuela, se crea un ambiente propicio para el aprendizaje y el crecimiento personal.
Un buen nivel de sentido de pertenencia hace que los alumnos se sientan en confianza para compartir sus ideas, mejoran y evalúan su comportamiento, trabajan en equipo para garantizar el bien común y contribuyen al cuidado de las instalaciones y a la buena convivencia. Además, su rendimiento académico se ve influenciado positivamente. Un sano clima escolar apuntará al cultivo del bienestar personal y colectivo.
De esta manera se teje una red de apoyo saludable y recíproca. Se activa la ayuda mutua o el trabajo colaborativo. Se preocupan unos de otros.
¿Cómo desarrollar una buena estrategia para cultivar el sentido de pertenencia? Lo más importante, acorde a diversos estudios, radica en la sensación de acogida y valoración por parte de los estudiantes. Para lograr esto se necesita que la comunicación entre maestros y estudiantes sea asertiva, individualizada y efectiva. Los estudiantes necesitan sentir que son escuchados y que sus sugerencias son tenidas en cuenta. El autoritarismo mata la construcción de comunidad y sociedad democrática.
De esta manera, acciones tan simples como aprenderse los nombres de cada uno de los niños son vitales para este proceso. La vinculación cercana y estrecha con nuestros alumnos ayuda a establecer una mejor comunicación y un ambiente más cálido o cercano en la clase.
Mario Piacentini, analista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico señala que “La calidad de su relación con la escuela es un indicador clave en el bienestar de los alumnos. Quienes sienten que son aceptados en esta comunidad en la que pasan tanto tiempo insertos, atribuyen más significado a su vida y tienen mucha más confianza en sí mismos”.
Trabajar en colaboración con la escuela para que los alumnos se sientan parte de una comunidad que los acompaña y sostiene, sin duda apunta a reforzar factores de protección que previenen aparición de conductas de riesgo. El aislamiento, el no sentirse vistos, la soledad y el bajo rendimiento académico son los que los acercan a situaciones destructivas.
¡Construyamos comunidad con nuestros estudiantes, juntos podemos hacerlo!