SEIS MALAS PRÁCTICAS DETRÁS DE LAS REDES SOCIALES

Por: Sandra I. Rodríguez Morón

La comunicación que se da en línea conlleva las mismas funciones comunicativas que cualquier proceso donde se intercarmbia un mensaje. Por lo mismo, la responsabilidad de formar y acompañar la identidad digital en el mundo online es muy necesaria para nuestros hijos.

La interacción en línea se acompaña de malas prácticas que no sólo atentan nuestro bienestar virtual, sino que además abre formas de comunicación que nos exponen a vínculos de riesgo.

Adolescentes y adultos al estar en una interacción indirecta, que no es cara a cara predispone formas de interrelación que no se dan cuando estamos frente a frente en persona. Así encontramos seis patrones disfuncionales de interacción que, si no se construyen positivamente, poco a poco irán permeando también nuestra capacidad de vinculación interpersonal.

Una de ellas es la irresponsabilidad virtual que la vemos en las publicaciones impulsivas de fotos o comentarios, guiados por emociones intensas, normalmente enojo, que demerita la calidad de la comunicación.

También encontramos un desequilibrio en cuanto al tiempo invertido y la calidad-cantidad de la información encontrada. Esto va de la mano con la sobreexposición a contenido curado, falsa información que de tanto consumir, los adolescentes toman como verdad queriendo ser “iguales” y despertando una fuerte frustración por lo conseguir esa falsa expectativa vendida en los perfiles de sus influencers.

Otro fuerte fenómeno que afecta la relación social de los adolescentes es el crear falsas amistades y conectar íntimamente con gente que no conoce, lo cuál lo llevan a compartir emociones, experiencias muy personales e íntimas, lo que normalmente termina en decepción y dolor. Esto va de la mano con el llamado acoso virtual, ya que, por la falta de precaución, se termina compartiendo más información de la debida y lleva a los adolescentes a sentirse atrapados entre lo virtual y lo real, temiendo que los secretos, confesiones, historias o fotografías traspasen del mundo digital y atenten su bienestar real y personal.

Una más de las malas practicas la denominamos analfabetismo relacional cuando la costumbre de entablar conversaciones en lo digital termina mermando la capacidad de comunicar sentimientos, sostener conversaciones profundas cara a cara, despertando en muchos jóvenes ansiedad social.

Por todo ello es de suma importancia que los niños, niñas y adolescentes adecuen la interacción en línea y en redes sociales desde las competencias emocionales, fomentando la conciencia de sus emociones, pensamientos, construyendo un análisis crítico que les permita interactuar desde un lugar seguro y no exponerse en un lugar de riesgo. Trabajando factores de protección junto con el acompañamiento y guía sensible de los padres podemos lograr que las redes sociales sean vivídas desde la aportación de contenido positivo en sus vidas, en vez de consumir contenido que deriva en sentimientos de frustración, vacío, no ser suficientes y detonando inseguridad y baja autoestima.

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