El ciclo escolar 2020-2021 inició con cerca de 30 millones de estudiantes. De este total aproximadamente un veinte por ciento no regresó a tomar clases online a sus escuelas particulares, debido a la crisis económica que golpeó a los padres de familia y que impidió poder solventar una colegiatura.
El impacto económico es apenas el primer reto al que las instituciones educativas del sector privado deben sobreponerse. La baja matricula obligó a las escuelas particulares a cerrar total o temporalmente.
La educación particular está en crisis y debe de reinventarse para que su oferta educativa sea atractiva. Lo mínimo que la comunidad estudiantil puede esperar es que se cumplan con los planes de estudio.
Los estudiantes y padres de familia pondrán más énfasis en el número de alumnos que se atienden por docentes, brindar un acompañamiento puntual en el proceso enseñanza-aprendizaje de cada alumno será vital para no perder matrícula. Incluso, si para esa familia de ninguna manera será opción que sus hijos asistan a una escuela pública, siempre podrán buscar lo que para ellos sea una mejor oferta educativa.
Una ventaja que poseía la escuela particular era su horario extendido, con los niños en casa resulta casi imposible tenerlos más de ocho horas sentados frente a un monitor. Las actividades extraescolares, culturales y deportivas ya no son tan atractivas.
Tomar la decisión de la educación de nuestros hijos de ninguna manera es una decisión que se toma a la ligera, pues es en esa institución en la que se deposita el futuro educativo y formativo de lo que serán posteriormente.
Se debe de proponer un modelo de innovación educativa que responda a las exigencias económicas, pedagógicas y emocionales de nuestros hijos. En comunidad se debe presionar para nuevas políticas públicas que impacte al sector educativo particular, si no de manera directa, una que impacte indirectamente, pues las escuelas públicas se encuentran sobresaturadas.
Redacción Komunik