La pandemia mundial logró replantearnos en el ámbito escolar, lo que algunos pedagogos durante décadas se habían cuestionado y el sistema educativo tradicional había dejado pasar de largo. ¿Cómo debe ser el aprendizaje para las nuevas generaciones?, ¿cuál debería ser la función de la escuela?, ¿cómo debe ser la educación para que responda a las distintas realidades de los alumnos?
De un momento a otro, la educación presencial se trasladó a una educación a distancia, una educación virtual que dista mucho de un homeschooling, y más aún a una educación de calidad que responda a las necesidades existentes en la actualidad.
En esta nueva realidad educativa a la que fuimos obligados a acompañar a nuestros niños, nos hemos dado cuenta que la educación tradicional pasiva donde de manera presencial el profesor dictaba la clase y el alumno era el espectador, no funciona. La educación online pone de manifiesto que debe ser una educación integral formativa, dotando competencias transversales, no sólo académicas, para que el aprendizaje sea efectivo.
Sabemos que existen retos a los que se enfrentan instituciones educativas, maestros, alumnos y padres de familia que impiden a los actores estar en el mismo ritmo dentro de una clase virtual y lograr unanimidad en los aprendizajes esperados de un grupo.
El primer gran reto es erradicar la brecha tecnológica que permita igualdad en recursos, las desventajas en el hogar son inminentes, tener una computadora con una velocidad aceptable, un internet veloz, aprender a conectarse en red, saber utilizar las plataformas educativas o aquellas que fueron rápidamente adaptadas a ello. Lo anterior, ha significado el primer reto a la que la educación a nivel mundial se ha enfrentado.
El segundo reto es la inclusión educativa, que se agudiza con el mismo profesor, ya que no todos tienen las habilidades que se requieren para impartir clases online. Mientras el maestro se encuentra lidiando con el proceso pedagógico que debe desarrollar en línea, el alumno que se dispersa en una clase presencial, hoy a distancia, se dispersa con mayor frecuencia, se ve limitado a seguir el ritmo propuesto para “todos”. Se evidencia aún más el cuidado que se le debe tener a un alumno que requiere una atención especial porque tiene un problema o discapacidad cognitiva. Qué decir de aquellos que tienen problemas de conducta, a través de estas clases virtuales resulta casi imposible atenderlos de una manera profesional, así como facilitarles las herramientas que un especialista en la educación conoce para apoyarlo y orientarlo para alcanzar los objetivos escolares.
La educación debe de ser además de tradicional, formativa e integradora para desarrollar seres humanos con elementos y herramientas que les permita sortear satisfactoriamente todos los aspectos que la vida les presenta. Sin lugar a dudas, el sistema educativo debe de replantearse sí la educación, como se ha desarrollado en los últimas décadas, responde a las necesidades de afrontamiento y adaptación que la pandemia nos pone como retos y que se deben resolver de manera urgente sin dejar a ningún actor en desventaja.
Redacción Komunik