Antes de la pandemia ya se veían la interferencia de algunas variables que no permitían una verdadera cohesión entre los actores de la comunidad escolar. Un gran número de padres de familia poseían poca disponibilidad de tiempo por el exceso de cargas laborales o simplemente delegaban toda la responsabilidad del aprendizaje de sus hijos a los docentes. Por otro lado, algunos profesores en ocasiones tenían muy poca comunicación con los padres o tutores respecto a las necesidades específicas de cada alumno para impulsar y motivar su aprendizaje, esto muchas veces por desconocimiento de las verdaderas necesidades de cada alumno. Todo lo anterior impedía una integración plena como sentido de pertenencia a una comunidad, con un propósito colectivo.
Durante la última década ha habido un creciente interés por parte de los gobiernos a nivel mundial por proporcionar una verdadera educación integral. Aunque los pedagogos habían impulsado y planteado la necesidad que existe en los alumnos de todo el orbe terrestre por gozar de una educación de calidad. Actualmente es necesario que se tengan claro los objetivos que se plantean en la educación y que todos los actores que integran la comunidad escolar conozcan su rol a desempeñar, y cómo este facilita o interfiere la sinergia en el clima escolar. Por esta razón es necesario reparar aquello que ya venía afectado y que con la pandemia se exacerbó más.
Para rehabilitar esta triada necesitamos que la comunidad se encuentre enterada de las acciones que se llevaran a cabo para alcanzar distintos objetivos y que coexista una participación de todos sus miembros; la participación implica, según la Real Academia Española, colaborar, intervenir, cooperar, contribuir y aportar.
Todas las personas contribuimos desde nuestras aportaciones y limitaciones, por ello es indispensable que se entienda que podemos aportar de forma diferente a nuestra comunidad escolar, mirando el objetivo que en común deseamos alcanzar.
Redacción Komunik-Sintagma