REGRESO A CLASES: EN CACHITOS, UN POCO ROTOS Y EN CRISIS.

Por: Sandra I. Rodríguez Morón

Llegó el día 30 de agosto: los niños regresan a las aulas de manera voluntaria, para aquellos padres que así lo consideren, siguiendo una serie de pautas diseñadas para salvaguardar su bienestar. Y con ello, una revuelta de opiniones, disgusto, molestia, enojo, incertidumbre.

Y ahí, entre pasillos y sonrisas, entre cámaras de computadora, monitores mezcla de horarios y de emociones. Inicia un ciclo escolar atípico, un ciclo escolar como nunca antes lo habíamos conocido. Y es ahí, en lo incierto de lo desconocido donde subyace el impacto emocional de este tan esperado ciclo 2021-22.

Nuevamente se reta a los docentes a “planear” en medio de la ambigüedad, con la ansiedad a tope, con el desgaste en hombros del apenas cerrado ciclo 2020-21. Ahí, donde los días de receso no fueron suficientes para reacomodar la vida de los docentes… ahí, están nuevamente de pie, enfrente de los pocos o muchos alumnos que llegan, y de los otros tantos que apenas se les mira en cuadritos bidimensionales en un salón virtual. Unos en vivo, otros en línea pero todos, en crisis.

Hay que nombrar la situación con la mayor objetividad, estamos en crisis. Karl Slaikeu (1996) define la crisis como “un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y por el potencial para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo”. De esta forma, cada uno de nosotros hemos transitado 18 meses con la dificultad de resolver las demandas emocionales de la contingencia con nuestros recursos que habitualmente nos alcanzaban para ello… y así seguimos día a día intentando dar lo mejor de nosotros. Así empezamos un nuevo ciclo escolar, cada uno en crisis, atravesando y librando sus propias batallas.

Toda crisis conlleva la oportunidad de reconstruirnos, de reinventarnos, de poner en el vacío algo diferente, algo nuevo que genera un nuevo sentido.

Lo que nos fue útil hace dos años, hoy no lo será. Es mejor soltar y avanzar. No colocar expectativas, porque esas nos rompen cada que no se cumplen, y no podemos “esperar” mucho en una incertidumbre que cambia cada semana.

De la misma manera, hay que despresurizar lo que se espera de nosotros. Ninguno está esperando de ti maestro la perfección, nadie está esperando de ti, madre o padre de familia, el no error. Todos estamos construyendo juntos. Todos nos estamos sosteniendo, unos a otros. Quizá en la empatía y en la colaboración colectiva encontremos una nueva manera de ser y de estar en la escuela, donde lo importante es reunirnos y avanzar; lo demás, lo demás irá surgiendo, un día a la vez.