Por: Sandra I. Rodríguez Morón
Después de 15 meses de permanecer en casa, sin asistir a las aulas, la dinámica de bienestar personal y familiar, sin duda ha sufrido cambios. Para algunos, sobre todo para los más pequeños, la idea de estar seguros era permaneciendo en casa estuvo presente durante 15 meses, y aunque poco a poco se vuelven a reacomodar las rutinas fuera de casa, los procesos internos de tranquilidad y confianza pueden tardar un poco más en manifestarse en la vida lejos del hogar.
Como adultos, hemos compartido pláticas con familiares y amigos sobre lo vulnerables que nos sentimos al regresar a la escuela, compartiendo espacios con muchos otros niños y con muchas otras prácticas de cuidado familiar que convergen en una misma aula. El miedo es parte de nuestras conversaciones y nuestros hijos escuchan esto y lo hacen suyo.
Regresar con seguridad a las aulas va mucho más allá de la sanitización de los espacios, lavado de manos, toma de temperatura, acceso a gel antibacterial o elaboración del reporte firmado por los padres de “no presencia de síntomas”. La seguridad de permanecer en el aula, confiando de que todo estará bien es algo que tendrá que ser trabajado y entrenado en los próximos meses.
Pensando que en situaciones normales el comienzo de curso siempre es un momento sensible e importante, ahora el impacto de la situación extraordinaria va a incrementar la necesidad de trabajar en el reconocimiento del sentido grupal e identidad escolar.
Hablar de diseñar y crear espacios de trabajo socioemocional, va mucho más allá de hacer dinámicas o actividades grupales de expresión emocional. El trabajo con las emociones de los niños, de la edad que sea, implica un compromiso con el saber qué se está trabajando, diseñar pautas secuenciales que vayan encaminando a objetivos reales apoyados en el ejercicio de las competencias emocionales. De otro modo, sólo son actividades aisladas que no construyen el verdadero espacio de contención necesario para atender de forma preventiva los riesgos en salud mental descritos por la OMS y por la ONU.
Debemos de comenzar por restaurar el sentimiento de pertenencia, trabajando en la cohesión grupal a fin de ir abriendo un espacio íntimo y cercando en donde “todos nos acompañamos”. Un espacio seguro para hablar con tranquilidad y en calma de sentimientos, emociones y vivencias que nos han ocurrido, momentos o eventos que nos han cambiado de alguna u otra manera. En estos momentos, para trabajar el apoyo y el cuidado mutuo, el respeto y la solidaridad, hay que intensificar la conciencia grupal hasta sentir que se ha retomado la consciencia colectiva, te cuido yo, me siento cuidado por ti y nos procuramos entre todos. Esto va desde el respeto a las medidas de higiene y seguridad, pero también hacia el cuidado de mi fragilidad y vulnerabilidad emocional.
¡Construyamos espacios escolares con verdadero enfoque en educación emocional, por niños y niñas emocionalmente saludables!