PREVENCIÓN Y PROVENCIÓN AL SERVICIO DE LA REHABILITACIÓN DE LA FUNCIÓN ESCOLAR

¿Te gustaría ser parte de la promoción de la salud mental de niños y adolescentes?

Mucho hemos leído en los encabezados de las noticias y los resultados de los estudios alrededor del mundo, la gran necesidad de atender los problemas de salud mental de niños, niñas y adolescentes. Podemos seguir leyendo noticias, revisando estudios, validando la elevación de la incidencia de depresión y ansiedad.

Por ello es necesario dejar la postura pasiva y cambiar a una actitud activa. Pasar de las cifras y de los datos a la acción; de igual manera es necesario dar un salto de la atención individual a nivel clínico con la alta demanda de servicios de psicoterapia para niños y adolescentes tanto de forma pública como privada, a una atención colectiva donde los centros educativos ofrecen la posibilidad de poder trabajar en comunidad atendiendo, previniendo y conteniendo situaciones de riesgo relacionadas con la salud mental.

Como sociedad, nuestra tarea principal es la de prevenir los problemas emocionales en contextos educativos, lo que a la vez mejora el ajuste emocional y social, así como los procesos de aprendizaje del alumnado.

La salud mental de la población infanto-juvenil, así como las alteraciones y problemáticas asociadas, son un problema de salud pública debido a las repercusiones sociales y sanitarias tanto a mediano como a largo plazo a la que la sociedad tiene que dar respuesta.

Sin embargo, en políticas educativas nos seguimos encontrando con la ausencia de espacios para dar una verdadera atención socioemocional que detecte de forma temprana y oportuna a quienes experimentan el riesgo de una condición mental. Parece que se han implementado actividades aisladas y ajenas a la verdadera formación y prevención.

El discurso distante y ajeno a una práctica sistematizada de formación emocional evidencia a una sociedad no diseñada para reconocer ni para atender las necesidades emocionales de los niños y jóvenes en formación. Lo académico no da lugar para lo intangible pero vital: la educación emocional.

En este sentido, valorando la importancia de los entornos existentes orgánicamente para la prevención e intervención de la salud en la infancia y la adolescencia, los centros educativos, según la Organización Mundial de la Salud, representan hoy “uno de los contextos más importantes para la promoción de la salud y de las intervenciones preventivas en niños, niñas y jóvenes”.

Los centros educativos tienen un papel relevante en la promoción del bienestar y la prevención de posibles problemas emocionales. Por ello, son el contexto idóneo para poder identificar y tratar los problemas emocionales de manera temprana, así como para promocionar el bienestar emocional, ya que la función escolar es una réplica de la función social a nivel de comunidad. La escuela es el contexto donde más se interactúa con otros niños, generando experiencias significativas que les ayudan a construir su identidad, establecer relaciones interpersonales y desarrollar competencias emocionales, así como habilidades para la vida.

Diseñar programas preventivos en los entornos escolares representan una enorme oportunidad para desarrollar marcos de trabajo que se centren en los niños y adolescentes, integrando la formación hacia la promoción de la salud y la educación.

Es nuestra obligación como sociedad pasar a la acción, trabajar ya con la población infanto-juvenil. El impacto de la vida pandémica ha sido distinto de acuerdo al grupo de edad, por tanto las implicaciones para trabajar y rehabilitar emocionalmente son diferentes.

1️⃣ En los más pequeños, la conciencia emocional y la interpretación de las emociones se va viendo afectada lo que lleva a mostrar en los niños un déficit en el procesamiento de la información no verbal. Estar tras una mascarilla que bloquea la expresión de gestos que nos ayudan a integrar y darle un sentido a nuestras experiencias, siendo esto una tarea trascendente en el trabajo con los niños prescolares.

2️⃣ Los niños en edad escolar están mostrando un autoconcepto con ambivalencia, el aprendizaje llevado tras la pantalla los ha limitado en su experiencia de reconocimiento y validación personal, por lo que la tarea con ellos consiste en reafirmar sus competencias interpersonales, toda vez que gran parte de su identidad se forja con la mirada de los otros y las habilidades o talentos que encuentro distintas frente al grupo de pares.

3️⃣ En los adolescentes el déficit está en su autoestima. Las estadísticas nos refieren que este grupo de edad se encuentra frente a una realidad en la que se ha generado un vacío y desesperanza por el futuro. Se han sentido poco mirados para reafirmar su identidad. Las actividades han sido en su mayoría frente a pantallas donde se pierde el contacto visual y el cerebro no codifica una experiencia personal, sino una transmisión tipo TV. Además, ellos reconocen que el desempeño en su área productiva (la escuela) no ha sido igual, refieren que sienten que no han aprendido igual y señalan desconfianza e inseguridad para afrontar el futuro. La depresión ha aumentado considerablemente en este sector de la población alrededor del mundo.

TENEMOS MUCHO POR TRABAJAR.

En INTEDU 360 estamos construyendo con un alto compromiso social el puente para dejar de mirar sólo al daño y comenzar la prevención. Rehabilitar en grupo y construir comunidades educativas que apunten al fortalecimiento de la identidad personal y social, a través del desarrollo de mejores competencias emocionales que brinden experiencias nutritivas dentro y fuera de los entornos escolares. Nuestra metodología facilita la identificación de los factores de riesgo a los que están expuestos nuestros niños, niñas y adolescentes, a su vez que reafirma a través de la provención, el fortalecimiento de los factores protectores de nuestra comunidad.

Padres de familia, docentes, directivos y organizaciones como INTEDU 360 comprometidos, juntos, por la rehabilitación de la función social escolar, ¿Te sumas?