NAVIDAD CONSCIENTE, UN REGALO PARA LA SALUD MENTAL

Los centros comerciales, las tiendas departamentales, la radio, la televisión y las campañas de marketing nos anuncian que la Navidad está cerca. Para muchas personas la época decembrina puede ser la mejor época de año, para otras no tanto, sobre todo después de las dificultades que hemos vivido como saldo de la pandemia.

La Navidad está asociada con una época feliz, divertida y familiar. Sin embargo, existe un gran sector de la población que asocia a la Navidad con momentos de nostalgia, frustración y tristeza mucho tiempo antes que la covid-19 existiera. Desde luego, con esta pandemia el sentimiento de estrés, dolor y pérdida se han agudizado, eso no podemos negarlo.

Tampoco podemos negar que los adornos que se encuentran en las calles, en las casas, los buenos deseos de colegas y amigos, en general el ambiente festivo, no estamos obligados a vivir este mes con emociones que nos provoquen felicidad, también es necesario tomar una pausa para identificar aquellas que no están asociadas con la alegría o bienestar. Es necesario comenzar a visibilizar y a sensibilizarnos que quizá estamos en medio de un momento tenso que nos provoca ansiedad y estrés; por ello resulta necesario normalizar que la Navidad no es sinónimo de bienestar. Esto nos abrirá un canal más empático para todos los que nos rodean.

De acuerdo con los datos de la Asociación Americana de Psicología (por sus siglas en inglés APA), los periodos vacacionales o festividades crean estrés en algunas personas, los factores que pueden empeorar el ánimo en este periodo incluyen tensiones familiares, soledad, añoranza de tiempos pasados, la lejanía o pérdida de un ser querido, sin olvidar posibles problemas preexistentes como depresión, ansiedad y las dificultades económicas.

El bombardeo mediático, así como la mercadotecnia perpetúan de manera consistente que en la Navidad todos somos felices. Invitamos a sumar consciencia y reconocer que simplemente no tenemos por qué sentirnos inmensamente felices, tenemos el derecho a sentirnos tristes en esta época o cualquier otra del año. Lo que nos tiene que preocupar como sociedad más allá de forzarnos a todos esbozar una enorme sonrisa e irradiar felicidad constante, es visibilizar que existen problemas de salud mental y que debemos normalizar que podemos estar deprimidos, ansiosos o tristes y por ninguna manera se nos tiene que etiquetar de ser “Grinch” o aguafiestas.

Es válido aceptar que no estamos desbordadamente felices, está bien pedir ayuda profesional, está bien platicar de las emociones que nos hacen sentir tristes y vulnerables. Es necesario que generemos una conciencia colectiva para atender nuestra salud mental.

Redacción Komunik-Sintagma