Por: Sandra I. Rodríguez Morón
Desde la semana pasada, me ha tocado escuchar tanto a familias como a docentes comentar su experiencia en el inicio de este ciclo escolar.
El modelo híbrido tomó por sorpresa a todos los integrantes de la comunidad escolar. Se escuchaba que sería un reto, pero nada de lo que se planteaba anticipadamente correspondía con lo que hoy ya es una realidad: Alumnos conectados desde su casa, compartiendo la clase con el maestro presente en el salón junto con una parte de los alumnos; ruidos ambientales, participaciones poco coordinadas a la distancia, en línea/ en el aula, todo simultáneamente. Nuevos estímulos llegaron a dar “personalidad” a la clase. Una personalidad más caótica y no tan agradable como todos hubiéramos querido.
La cuestión primordial es prestar atención en que la misma clase no puede ser dictada con las mismas metodologías en presencial y en línea. Más aún, regresar a un modelo híbrido no puede ser dictado encima de una metodología tradicional con pizarrón en el aula transmitido de forma virtual. Cuando hacemos la propuesta en los talleres de capacitación con los docentes, siempre escucho “eso es mucho trabajo” y yo siempre les reafirmo “es más trabajo y gasto de energía a lo que se te estás enfrentando hoy en día en la clase intentado empatar el ritmo de los alumnos presenciales con el ritmo de los alumnos en casa”. Lo peor, es que por mucho empeño -que deviene en desgaste- no se está avanzando en la asimilación del aprendizaje, entonces reitero, el costo (desgaste de energía) es enorme y el beneficio puesto en el resultado de aprendizaje y formación de competencias es nulo.
Pensar en una clase en modelo híbrido como “un menú” para diferentes necesidades, será más acertado tanto en la planeación como en la impartición de la misma. El alumno en casa pierde mucha vinculación, de por sí con la distancia que la pantalla impone, además el cubrebocas limita la nitidez tanto en el tono como en el volumen de la voz del maestro, lo más importante es que la mascarilla anula la gesticulación y se pierde mucho de la dimensión interpersonal de la educación.
El ritmo de la clase también será distinto entre el interior del aula y en el formato en línea, por lo que el estudiante en casa puede tener más minutos disponibles que, lo pueden llevar a desconectarse mentalmente de la clase mientras espera la siguiente instrucción de la maestra que está en el salón, lidiando con atender a los alumnos presentes, a la computadora, al micrófono, al sonido y demás…
¿En dónde fijar la atención cuando estamos impartiendo una clase frente a dos escenarios diferentes con alumnos con necesidades distintas?… La respuesta es en la planeación de la clase. Diseñar herramientas adaptadas para los alumnos en presencial y otras paralelas para los que están en línea, será mucho más acertado, con menor desgastante y con un mejor pronóstico en el avance de los objetivos de cada clase. ¿Cómo? ¡INTEDU 360 te acompaña!