LLEVANDO LA EDUCACIÓN EMOCIONAL AL AULA VIRTUAL

 Por: Sandra I. Rodríguez Morón 

Las clases comenzaron… las planeaciones se están realizando. Pero lo que no se muestra en papel y que está en la mente de muchos profesores a manera de pregunta sin respuestas es: “¿cómo completar la experiencia del aprendizaje sin que sea sólo el contenido académico el que se transmita a partir de las pantallas?”

El aprendizaje que sucede en las escuelas está rodeado de contacto interpersonal, risas, esparcimiento, crecimiento entre pares, convivencia. La parte personal es un actor importante del proceso enseñanza-aprendizaje. ¿Cómo darle lugar a las emociones en los salones virtuales?


Para cualquier alumno, de la edad que sea, integrar las experiencias con la resonancia emocional es de vital importancia. Para iniciar este ciclo escolar, mucho se ha hablado sobre hacer un primer contacto con el recuento de lo que ha sido la contingencia para cada alumno, pero ¿cómo llevar estas prácticas de socialización de las emociones en cada plan de clase de las diferentes materias? Esta es una tarea tanto de docentes como de alumnos, ambos son actores importantes en el clima del aula.

Lo primero que se tiene que abordar es la conciencia emocional, que todos podamos nombrar la manera en la que nos sentimos, y que seamos capaces de reconocer las emociones y sentimientos mientras ocurren, siendo capaces de identificarlos y ponerlos en palabras. ¿Cómo te hace sentir estar en una clase a distancia? ¿cómo sientes la diferencia entre estar reunidos en persona, o reunidos en una sesión virtual?

El conocer, comprender y poder reflexionar acerca de lo que sentimos y pensamos nos da más libertad, además de que podemos elegir sí actuar o no y de qué manera, nos ayuda a poner en palabras el contexto emocional en el que me encuentro, para así poder manejarlo mejor.

Otra tarea importante en el aula es trabajar la autorregulación, entendida como la capacidad de autodominio para transitar, controlar y medir nuestras reacciones emocionales. Tiene que ver con la capacidad de expresar adecuadamente las emociones según las circunstancias, es decir buscar el espacio, el momento y el modo adecuado de hacerlo. Es necesario educar para ser capaces de generar la destreza de negociar con uno mismo la mejor manera de expresar (jamás reprimir) la emoción, de calmarnos y tolerar los estados afectivos, a la vez que nos permitimos pensar y reflexionar en medio de los afectos. Estar en un grupo en línea… ¿me lleva a distraerme? ¿me desespero? Y sobre todo, ¿qué hago con esas emociones que se producen en mí durante una clase detrás de una pantalla?

Siguiendo con otra de las habilidades emocionales importantes a formar nos enfocaremos ahora en la automotivación la cual trata de obtener la energía de mis emociones y enfocarme en lo que quiero. Es llamada también aprovechamiento productivo de las emociones, agrupa los rasgos de las personas entusiastas, persistentes, responsables, constantes, decididas, etc. Asimismo, la motivación está relacionada con la autorregulación porque nos da la fortaleza para tolerar frustraciones y levantarnos cuando caemos, lo que siempre está presente en la consecución de objetivos a largo plazo. No importa tanto la situación actual, sino ser capaz de apuntar al futuro de manera consciente y reconocer en el fondo que no siempre será así la escuela, es algo temporal, por lo tanto, yo elijo de qué manera transito emocionalmente por este lapso y pensar en cada paso que tengo que dar en el camino.

En cualquier momento, en toda clase debemos reforzar la capacidad de reconocer las emociones en las demás personas, la famosa empatía. Cuanto más abiertos estemos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar las de los demás. Es la habilidad para poder decodificar y entender el mensaje analógico, o las señales no verbales: tono de voz, ademanes, gestos, movimientos voluntarios e involuntarios, en fin, la expresión facial y corporal en su totalidad. En su acepción etimológica, “empatía” deriva del griego y significa “sentir dentro”. Implica una consideración por la otra persona y sus sentimientos. Es de las habilidades emocionales la que mayor reto supone al estar detrás de pantallas, pues nuestro cerebro emocional no está tan entrenado para leer las emociones a través de un plano bidimensional.

Finalmente, el aula virtual deberá ser un espacio donde todo el tiempo se estén trabajando las habilidades emocionales y sociales, y que a pesar de la distancia estemos practicando destrezas de comunicación, interrelación, mediación, negociación y resolución de conflictos. Que fomentemos todo el tiempo el ecocentrismo, incorporar el nosotros en vez del “YO” o del “MIO”.

Esperemos que esta experiencia de contingencia nos deje sensibilizados a que los contenidos académicos son una parte importante, pero en realidad la educación en el aula debe estar dirigida a fomentar competencias y habilidades que le permitan a los niños y niñas ir creando un acervo de conocimiento sobre cómo adaptarse a cambios repentinos, cómo sacar motivación cuando las cosas se tornan difíciles, cómo ser capaces de generar actitudes y respuestas de autocuidado personal y colectivo. Cómo ser sensibles a la situación personal y familiar de las personas cercanas.