Por: Sandra I. Rodríguez Morón
La crisis mundial por Covi-19 llevó a una nueva organización en todos los países. Cada una de las áreas de la vida de los individuos se vio obligada a tomar una nueva perspectiva. La interrupción de las clases presenciales, y en algunos casos, reorganizando los planes curriculares a una modalidad en línea dejó ver la enorme brecha que existe en el plano de la educación en nuestro país.
La desigualdad para el acceso a la tecnología puso de manifiesto que no sólo los contenidos académicos dejaron de estar al alance de todos, sino también las condiciones de una cuarentena en comodidad. Muchos recursos individuales esperados a nivel del alumnado para adaptarse a estos cambios, mostraron que la educación va más allá de los conocimientos académicos, y que la falta de habilidades sociales, manejo de estrés, motivación y gestión del tiempo comenzaron a afectar a nuestros niños, niñas y adolescentes, trayendo una carga emocional más fuerte, en algunos casos, que la misma crisis de salud.
¿Qué puede representar la disrupción escolar del COVID-19 en términos de aprendizaje?
En el momento en que desaparece la escuela como entorno de trabajo y aprendizaje, múltiples experiencias quedan en el olvido. Enlistemos algunas de ellas:
- La cuarentena en casa no es para todos. Para muchos alumnos, la escuela representa un espacio seguro. No todos viven en tranquilidad en casa, y el hecho de salir a la escuela libera las sensaciones de tensión que en ocasiones se viven al interior de la dinámica familiar. Estar tantos días, todos juntos en casa, para algunos estudiantes representa una sensación de encierro y reactivación de una vida familiar en tensión.
- El aislamiento y desconexión personal. El apoyo que se vive en el intercambio de relaciones entre compañeros, o entre maestros y alumnos, se pierde incluso en las clases virtuales.
- Algunas familias ya están viviendo las consecuencias económicas, y quizá dentro de casa se estén movilizando situaciones familiares que requieren adaptabilidad, flexibilidad y capacidad para ajustarse a un contexto completamente nuevo y en su caso, desolador.
- La falta de salud mental empieza a ser una variable visible en casa. Depresión, ansiedad, ataques de pánico, insomnio son actores en la vida familiar que antes podían pasar encubiertos por la rutina diaria.
Todo lo anterior trae para los alumnos pérdida de la motivación para hacer sus tareas. Sienten que pierden dirección y se ven envueltos en una sensación asfixiante de apatía. Trabajar de forma autónoma requiere también capacidad para autorregularse y perseverancia; necesitan creatividad para poder seguir aprendiendo en un entorno diferente sin materiales concretos o compañeros modeladores. Asimismo, el aprendizaje a distancia requiere de habilidades digitales que ni padres ni estudiantes han adquirido porque no estábamos preparados para un corte tan brutal de la escuela. Una cosa es ocupar dispositivos electrónicos, y otra muy distintas es darle un uso pedagógico a la tecnología digital.
Los chicos requieren un conjunto de habilidades cognitivas y socioemocionales que en muchos casos no han desarrollado y que en estos contextos de educación virtual son clave.
Muchos de mis alumnos se sienten rebasados por el estrés, pero sobre todo, por la falta de recursos para la gestión de las emociones. ¿Por qué razón no se han formado estas habilidades? ¿En qué momento la educación académica borró la importancia de la educación emocional?
Ante esta contingencia sanitaria, surgen dos puntos a tomar en cuenta de aquí en adelante en los entornos escolares:
a) Durante la migración de la escuela presencial a la escuela virtual, en el último trimestre del actual ciclo escolar ¿Cómo empatar o medir el aprovechamiento académico de los aprendizajes curriculares?
b) ¿De qué manera las escuelas serán capaces de responder a la necesidad de formar competencias transversales y habilidades para la vida, para que los alumnos aprendan conocimientos, pero también aprendan a gestionar sus emociones, elemento fundamental para tener éxito personal?.
Hablando del aprovechamiento académico de los aprendizajes adquiridos durante la cuarentena en el entorno virtual, los indicadores más parecidos que tenemos para conocer que sí no hay guía directa y repaso sistemático en los alumnos, la retención de los aprendizajes baja considerablemente, es la evidencia que existe en estudios sobre el impacto del receso vacacional durante las vacaciones de verano.
En cuanto al desarrollo de habilidades emocionales, es imperativo que las escuelas tomen un papel más activo en su función formadora en el aprender a ser y aprender a convivir. Este rubro de la educación emocional es trascendente para brindar mejores recursos de afrontamiento en los estudiantes. Un manejo saludable de la gama de emociones no sólo ayuda a transitar mejor la crisis, sino también permite prepararse para cuando la emergencia sanitaria se termine: contribuyen a seguir aprendiendo y protegen nuestra mente de los traumas relacionados con un entorno adverso.
Hay que integrar la experiencia de la pandemia en el cierre de los centros educativos y el aislamiento social que se vivió por más de dos meses. Será necesario dirigir intervenciones para poner en palabras lo que a cada uno nos trajo y cómo fuimos resurgiendo a través del miedo, de la ansiedad, de la incertidumbre, de la añoranza y nostalgia de no ver a nuestros seres queridos, compañeros y maestros.
Diferentes autores, en diversas investigaciones apuntan a la importancia de la incorporación de la educación emocional a los programas educativos. Se trata de enseñar estas habilidades nocognitivas (no académicas) y la motivación para el éxito de los jóvenes, reafirmando el por qué los programas educativos deben intervenir desde edades tempranas e incluir mentoría y componentes motivacionales para los adolescentes.
En consultoría e intervención psicoeducativa trabajamos profesionalmente en el diseño e intervención para la mejor renovación del ser y estar en la escuela.
Bibliografía
Mercedes Mateo. Habilidades21 en tiempos de COVID-19 Blog del Banco Interamericano de Desarrollo. Enfoque Educación