LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES EN LA EDUCACIÓN Y DESARROLLO DE LOS NIÑOS

Por Adriana Pacreu Graniewicz 
Desde que el bebé está en el vientre materno, ya sus padres tienen expectativas sobre cómo será ese pequeño, en quién se convertirá y cuáles serán sus objetivos en la vida, sin darse cuenta de que tendrá sus propias características físicas y emocionales, mismas que no siempre van a coincidir con dichas visualizaciones.

Es importante tener en consideración que lo ideal no existe, sin embargo, si se logra establecer un vínculo sano y empático con los hijos, aceptando las diferencias que existen entre uno y el otro, el desarrollo de sus habilidades emocionales será muy favorecedor, lo que le permitirá conducirse de manera asertiva ante las distintas situaciones que se le presenten en la vida.

La realidad es que hemos crecido aprendiendo cómo reaccionar ante los retos y las adversidades por ensayo y error, por ello, en este momento se presenta una maravillosa oportunidad de hacer una introspección y poner manos a la obra para que nuestros hijos puedan entender qué es lo que les ocurre y por qué se sienten de una u otra manera, aceptando esas emociones y expresándolas de la mejor manera posible para que su interacción con el prójimo sea favorable y constructiva.

Uno de los primeros pasos es aceptar que como seres humanos somos imperfectos, pero que estamos tratando de hacer lo mejor, esto disminuirá mucho la ansiedad. Asimismo, requerimos escuchar atentamente lo que nuestros hijos nos están tratando de decir, sin hacer juicios sobre sus palabras, ya que muchas veces, por no estar de acuerdo, juzgamos y cerramos la vía de comunicación con ellos. Si   se siente escuchado, esto disminuirá la carga que tiene y además permeará en el otro, será un buen escucha para quien lo necesite también.

Es crucial ser un buen ejemplo para ellos, pues podemos decirles mucho, pero si ven lo contrario a lo que les expresamos, se quedarán con los hechos y no con las palabras. A su vez, debemos tener claro que no podemos tener todo bajo control y no pasa nada, a veces las cosas no resultan como queremos, sin embargo, podemos tratar de solucionarlas de la mejor manera posible, sin perder los estribos. De igual manera, las emociones de pronto se desbordan y el niño no responde como esperábamos, inclusive se expresa justo como no debería hacerlo. Por ello, es básico guardar la calma, escuchar y poner límites explicando el porqué de ello, ya que estos le darán estructura y generarán confianza. En otras ocasiones, sólo bastará con reconocer que está haciendo un esfuerzo, aunque el resultado no haya sido el óptimo. Cuando nos reconocemos como incapaces para manejar una emoción, es válido pedir ayuda de un tercero.

Uno de los puntos más importantes es hablarles siempre con la verdad, ya que de todas maneras terminarán enterándose de aquello que no les queríamos decir. El hecho de que sean pequeños no quiere decir que no sean capaces de comprender, muy por el contrario, si se les toma en consideración, se sentirán considerados, lo que dará seguridad.

Uno de los puntos más sobresalientes es el ser congruentes con nosotros mismos, entender por qué me estoy sintiendo de la manera en la que me estoy sintiendo para poder expresarme de manera apropiada sin perder el control; ser congruente con lo que hago y con lo que digo.

Finalmente, se vale equivocarse, pero es necesario reconocer cuando cometo un error. Las cosas no son siempre como espero, aún así, puedo aprender a aceptarlo.