LA ESCUELA, SIEMPRE RESILIENTE

La pandemia trajo para la escuela escenarios nuevos y desconocidos que llevó a probar su capacidad de afrontar retos y adecuarse a las necesidades cambiantes. Comienza un nuevo ciclo escolar y tanto las adecuaciones como la innovación siguen siendo las tareas principales en la metodología pedagógica de la escuela pospandemia.

La RAE define resiliencia como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Trasladándolo al escenario educativo, podríamos considerar que la resiliencia educativa es la capacidad que tienen todos los que conforman la comunidad educativa de afrontar las dificultades y retos ante distintas situaciones poco favorecedoras que le impiden desarrollarse dentro de sus procesos habituales.

Históricamente podríamos enumerar un sin número de cambios que ha sufrido la educación, de igual manera podríamos señalar las transformaciones que la escuela como institución ha tenido que afrontar. Se ha tenido que sobreponer a cambios políticos, culturales, económicos, sociales y hoy, a pesar de una pandemia, continúa brindando conocimiento a sus estudiantes. Sin embargo, habrá que analizar si los entornos educativos han logrado sobreponerse al cambio reinventándose y ofreciendo una reingeniería que apunte a la transformación derivada de un cambio que apunte a la resiliencia.

En medio de la pandemia los docentes tuvieron distintos desafíos, sin lugar a duda el más significativo fue adaptase a la modalidad a distancia y con ello adecuar la manera tradicional de impartir clases de la mano del uso de las TIC´s. Los alumnos tuvieron que ser cada vez más autónomos en su construcción del aprendizaje, los padres de familia fueron corresponsables del avance en la enseñanza-aprendizaje de sus hijos y a su vez, tuvieron que ejercer un rol colaborativo con la escuela y maestros para que se alcanzaran los aprendizajes esperados.

El desafío está en crear verdaderos espacios educativos resilientes, donde se construyan patrones de convivencia dentro y fuera del aula emocionalmente responsables, en los cuales el alumno se sienta seguro y vuelva a confiar en su proceso de enseñanza-aprendizaje, sin dejar de lado la debida exigencia. Esta escuela resiliente proactiva ha de contar con docentes que sepan acompañar el proceso de evolución personal de sus alumnos y que acepten y sepan gestionar la diversidad y la complejidad de las relaciones entre los distintos colectivos (profesores, alumnos o familias).

El tiempo ha demostrado que ante este enorme desafío, de constante incertidumbre y adversidad, quienes integran la escuela han desarrollado estrategias y recursos para afrontar todos los cambios que se han presentado hasta el día de hoy, la invitación queda hacia la integración de resolver el reto no sólo mirando la asimilación del contenido académico, sino generando y trabajando en una verdadera metodología de recuperación de conocimiento y de trabajo socioemocional.

Redacción Komunik-Sintagma