LA DEUDA DE LAS ESCUELAS AL TERMINAR EL CICLO ESCOLAR 21-22

El fin del ciclo escolar 21-22 ha sido adelantado en algunos estados de la República debido al alza en los contagios por Covid-19. Distintas escuelas también han dado por finalizadas las clases a pesar de que el calendario otorgado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) señala la última semana de julio como inicio formal del periodo vacacional. Es así como otro periodo escolar termina en medio de la pandemia, las niñas, niños y adolescentes fueron evaluados de acuerdo con los parámetros preestablecidos desde las últimas décadas.

A pesar de las voces que han criticado la forma de evaluación que la educación tradicional ofrece, basadas en la importancia de considerar no sólo aprendizajes académicos, sino  formación para la vida que apunta a la verdadera necesidad de una educación integral y poner atención especial a la situación emocional, un ciclo escolar más se cerró con un número en las boletas.

Sabemos que el Sistema Educativo Mexicano tiene diversos retos desde hace décadas, el rezago en distintas áreas impactan el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, la gran deuda que deja el ciclo que oficialmente está por terminar es no invisibilizar los efectos de la pandemia, y el de acompañar a cada alumno y docente en la atención de las señales que permitan a tiempo, brindar una verdadera prevención dirigida a la promoción de la salud mental y emocional.

La enseñanza debe de adaptarse a los cambios que el mundo presenta, el sistema educativo debe proveer de estrategias, herramientas y recursos para que los docentes puedan acompañar emocionalmente a sus estudiantes, así mismo, debe existir un sistema de apoyo a los profesores frente a grupo, ya que como lo hemos observado durante estos tiempos de pandemia, son ellos los que han enfrentado los drásticos cambios y de han sobrepuesto a todas las adversidades para apoyar al alumnado.

Todo indica que, muy pronto se olvidó el compromiso por formar en lo humano, nuevamente las escuelas regresaron a la manera tradicional de evaluación, sí, aquella que evalúa el resultado numérico del aprendizaje académico “adquirido”. El reto y la gran deuda de este ciclo escolar que termina es mirar, atender y acompañar emocionalmente a niñas, niños, adolescentes, docentes y padres de familia que conforman las comunidades educativas de todo el país.

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