Las escuelas son un entorno clave para la construcción de una cultura de paz. Es importante fomentar un ambiente donde los estudiantes comprendan la importancia de la regulación emocional, la asertividad, la escucha y la empatía. Al enseñarles a los niños estas habilidades, podemos trazar un camino para convertirse en personas integrales que usarán estas habilidades para construir relaciones saludables y crear una sociedad más pacífica.
Hablar de la Paz no trata solamente de una ausencia de conflictos, sino que requiere también de un proceso integral que promueva la solución de conflictos de manera cooperativa. La Asamblea General de Naciones Unidas en su Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz en 1999 enuncia como definición de Paz: un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida basados en:
- el respeto a la vida, el fin de la violencia y el fomento y la práctica de la no-violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación;
- el respeto pleno de los principios de soberanía e independencia de los Estados;
- el respeto y promoción de los derechos humanos y las libertades fundamentales;
- el compromiso con el arreglo pacífico de los conflictos;
- la protección del medio ambiente;
- la promoción del derecho al desarrollo;
- el desarrollo de la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres;
- el fomento de la libertad de expresión, opinión e información, y,
- la adhesión a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, etc., bajo un entorno local y global que promueva la paz.
En esta misma Asamblea se señala el papel fundamental de la educación para lograr un estado pacífico, poniendo especial énfasis en la formación de las personas. De esta manera, la sociedad, sus instituciones (en este caso la escuela) y sus actores se vuelven esenciales en esta tarea.
En la actualidad, tanto en la dinámica familiar, como en la escolar y la comunitaria, se encuentra presente una forma de relacionarse desde la violencia, la cual ha existido sobre todo ante la manifestación del conflicto. Lo que llega a ser preocupante y alarmante es que con frecuencia se mira a la violencia como la única vía para resolver problemas y desacuerdos presentes en la vida cotidiana. Por ello una de las vías para construir ambientes libres de violencia es a través de reafirmar las habilidades sociales y competencias emocionales.
Programas basados en la educación emocional y psicología positiva persiguen entender la escuela como formadora en el ser y el saber convivir. Si se aprovecha el escenario que expone la escuela día tras día con sus actores, en una réplica de jerarquía e interacción social donde convergen relaciones entre pares, autoridad directa, autoridad superior y seguimiento de normas y reglamento, se puede inculcar formas que promuevan la sensibilización sobre qué significa estar con otro, ponerme en su lugar, escuchar y entender para hacer realidad un ambiente que nos permita crecer conectados y conectamos en armonía.