EL JUEGO PARA EL SANO DESARROLLO DEL NIÑO

Los padres buscamos constantemente información que nos ayude a dotar de herramientas a nuestros hijos, el principal objetivo es que ellos puedan tener un desarrollo más saludable. Todos deseamos proveerles de mejores recursos para que puedan afrontar los retos que la vida nos impone.

En los últimos años se nos ha vendido la idea, que únicamente todo aquello que tiene que ver con las nuevas tecnologías les proporcionará todo lo que ellos necesitan para lograr habilidades competitivas y poco a poco hemos ido desplazando un elemento fundamental para su desarrollo.

Para Guy Jacquin (1996), el juego es una actividad espontánea y desinteresada que exige una regla libremente escogida que cumplir o un obstáculo deliberadamente que vencer. El juego tiene como función esencial procurar al niño el placer moral del triunfo que al aumentar su personalidad, la sitúa ante sus propios ojos y ante los demás.

El juego es sumamente indispensable para el desarrollo del niño que está reconocido en el principio número siete en la Declaración de los Derechos del Niño, adoptados por la Asamblea de la ONU el 30 de noviembre de 1959, que señala lo siguiente: “El niño deberá disfrutar plenamente de juegos y recreaciones; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.

En los niños jugar no es un pasatiempo, el juego es parte natural de su crecimiento y desarrollo psicológico.

Existen cuatro tipos de juego: funcional, simbólico, de reglas y de construcción. Todas estas formas de juego aportan distintos beneficios a los niños, sin embargo, que los padres jueguen con sus hijos aportan estos beneficios:

  • Aprender a comunicarse y a cooperar con los demás
  • Fortalecer su autoestima y confianza, esto les ayuda a sentirse reconocidos
  • Identificar sus emociones y a reconocer los sentimientos de los demás, también ayudará a poner en práctica valores

El juego es un lenguaje necesario en la vinculación entre padres e hijos. Además ayuda al desarrollo cerebral facilitando conexiones que les brindarán competencias tanto cognitivas como emocionales, reafirmando su autoconcepto y hacer de ellos niños seguros. Dedicar un espacio al día para abrir un espacio lúdico con nuestros hijos, además de nutrir emocionalmente su desarrollo, se fortalecerá el vínculo padre-hijo y lograremos recuerdos memorables en ellos.

Redacción Komunik-Sintagma