Por: Sandra I. Rodríguez Morón
Después de todo este tiempo cuidando nuestra salud, ya estamos muy familiarizados con las medidas de prevención e higiene para disminuir el riesgo al contagio. Pero recordemos que cuidar la salud implica no sólo el nivel físico, sino también la salud emocional.
Ya no sólo se trata de estar o no expuestos a las noticias o cifras alarmantes. Lamentablemente ahora se trata de los nuestros, personas cercanas que se han contagiado, y también pérdidas cercanas que vamos afrontando al pasar de los meses en pandemia.
Todo ello nos ha llevado a ir normalizando el vivir cada vez con mayores niveles de estrés y ansiedad. Es necesario mirarnos, ser conscientes que nuestro organismo está trabajando bajo un notable desgaste emocional que, aunque a veces no lo sentimos, está ahí de manera silenciosa y de forma constante en nuestro día a día.
Por impacto psicológico entendemos el conjunto de comportamientos, pensamientos, emociones y sensaciones que aparecen como consecuencia de la experiencia de algún tipo de situación que implica un impacto emocional intenso o prolongado, una pérdida, un daño o una amenaza importantes.
A nivel de atención psicológica cada vez recibimos más niños y adolescentes que se muestran irritables, sin poder poner en palabras exactamente qué les está pasando. Adultos cansados de combinar tantos roles en su vida bajo el mismo techo sin fronteras entre sus actividades.
Junto con estas reacciones que son causa de sufrimiento, también se ponen en marcha algunas otras respuestas y comportamientos de naturaleza contraria como la comprensión, aceptación del cambio, la resistencia, el compromiso, el altruismo, la solidaridad, etc. Debemos poner atención para rescatar y ayudar a visibilizar estas capacidades, como maneras “saludables” de afrontar ésta y todas las crisis.
Pues bien, así como en nuestro botiquín familiar no pueden faltar cubrebocas, gel antibacterial ni toda clase de productos desinfectantes, ahora seamos conscientes y tomemos una postura activa en el cuidado emocional para el manejo del estrés y ansiedad.
¿Qué podemos hacer?
Empecemos por controlar nuestros pensamientos que provocan reacciones futuristas. Intenta darte un espacio para encontrar las cosas constantes, aquello que permanece. Agradécete por el esfuerzo que has estado haciendo durante este tiempo. Agradéceles a tus hijos por su esfuerzo de mantener la escuela en casa, por asumir que su vida transcurre la mayor parte del tiempo en casa, lejos de sus amigos o familiares extensos. Se compasivo contigo mismo y con las personas más cercanas a ti, entender mis necesidades y ocuparme de ellas.
Que a pesar de la pandemia, los tuyos sigan encontrando ese espacio familiar en donde se aprende el amor, el acompañamiento, el sostén donde se contienen las emociones más intensas y donde puedo asegurar tranquilidad para cursar en bienestar a través de esta contingencia mundial.