Por. Sandra I. Rodríguez Morón
Conocemos que las condiciones de haber sostenido un ciclo escolar completo a distancia sobrellevaron para el docente una importante carga emocional al duplicar los tiempos de trabajo, mantenerse “todo el tiempo” conectados al trabajo sea en clase, en juntas, en búsqueda de recursos, en contacto con alumnos y/o padres de familia. Además de que mucho de los docentes tuvieron que encontrar por sus propios medios, las herramientas para implementar las clases a distancia, ya sea con sus recursos materiales y tecnológicos, cursos para el manejo de TIC´s, además de gastos como luz, internet, uso de la computadora personal, adaptación de un espacio de casa para adecuar un salón, entre otras.
Los docentes deberían de ser los primeros destinatarios del cuidado emocional, por varias razones. Por una parte, igual que cualquier persona necesita atender y fortalecer sus competencias emocionales para afrontar los retos que la vida nos plantea como personal al frente de un grupo en este nuevo reto escolar. Por otra parte, el cuerpo docente está ejerciendo una profesión de riesgo emocional. Las estadísticas señalan que entre el sector profesional del profesorado existen mayores índices, en comparación con otros profesionales, de ansiedad, estrés, depresión y burnout durante esta contingencia.
¿Cómo apoyar el bienestar personal y emocional de los docentes? Enfocándonos en formar al profesorado para la gestión de intervenciones psicológicas positivas en el entorno educativo. La educación positiva presenta un nuevo paradigma y enfatiza las emociones positivas, los rasgos positivos del carácter, el significado y el propósito del estudio, y la motivación personalizada para promover el aprendizaje, para brindarle al docente y al estudiante las herramientas para vivir una vida plena, dentro del entorno académico y más allá de él. Este paradigma se basa en una educación tanto para las habilidades tradicionales de logro académico, como para las herramientas para el bienestar integral.
Esto implica a los alumnos, profesores, personal administrativo y directivos. Si desde el nivel más alto de toma de decisiones se sensibiliza en trabajar la importancia del cuidado emocional, entonces habrá un espacio para crear un verdadero trabajo de bienestar emocional. Un buen líder impulsa con estrategia y decisión, con empatía, corazón y compromiso procesos de innovación educativa y cambio, renovando la función de la escuela, no sólo brindar conocimiento duro, sino diseñando y dando seguimiento a una verdadera formación para la vida.
Si como inicio de las actividades de preparación para el arranque del ciclo 2021-22 la implementación de programas de educación emocional y educación positiva ocupan un lugar en las metas de formación, entonces habremos aprendido la mejor lección de esta pandemia. Lo realmente importante radica en la experiencia que le damos a la escuela. Además de enseñar a los niños y a los adolescentes las herramientas que necesitarán para el éxito profesional en el futuro, la educación positiva enseña estas habilidades tradicionales para el éxito, y además enseña las herramientas que permiten al individuo y a su comunidad prosperar y florecer. Hoy más que nunca necesitamos formar habilidades de resiliencia para el cultivo del bienestar de alumnos, docentes, personal administrativo y cuerpo directivo, a fin de crear un ambiente que fomente el crecimiento del estudiante y de toda la comunidad educativa.