CINE Y EMOCIONES: LA GRAN AVENTURA PERSONAL EN UN FILME

Por: Sandra I. Rodríguez Morón

Detrás de las películas taquilleras y del glamour de Hollywood, hay toda una oportunidad de aprovechar los filmes para conocer y conectar emocionalmente con nuestros hijos, alumnos y otras personas cercanas.

Al ser un arte, el cine permite la canalización de emociones, revivir experiencias, traumas, sueños, generar pensamientos y plantearnos situaciones en las que nos identificamos, todo ello está directamente ligado a nuestra personalidad.

El potencial más grande que tiene una cinta es la respuesta emocional que genera en los espectadores. Así, una película nos lleva a experimentar distintas emociones que en ocasiones no sabemos expresar. Pasamos de la risa, al suspenso, al drama y hasta nos podemos encontrar enojados con la situación o con el personaje… Mientras todo eso sucede en la pantalla se está abriendo una puerta que, como adultos padres o maestros, podemos aprovechar para elaborar una reflexión individual y ocupar la película como herramienta de educación emocional.

Desde el punto de vista psicológico, vernos reflejados en un personaje o en una escena determinada es increíblemente útil para reflexionar y analizar nuestros mayores problemas o temores. En el cine siempre podremos encontrar una visión, una emoción o un reflexión nueva y maravillosa.

La función de catarsis que nos mueve una película permite descargar “a través de otro” nuestras emociones más intensas junto con los personajes, pero sin temor a sufrir sus verdaderos efectos. Películas violentas, escenarios catastróficos, terror, acción, aventuras al límite… son todas historias que nos provocan una gran descarga emocional y nos desahogan en muchas ocasiones de nuestra vida cotidiana.

El cine es un acto que se hace en tribu. Todos disfrutamos ver una buena película en compañía de alguien, ya que al terminar es casi inevitable hablar de lo pasó y cómo nos llegó la película. Incluso, el planear ver una serie o una película con amigos eleva el “ir al cine” a una dimensión afectivo-social.  

Además de una buena trama, el papel de los actores también es de suma importancia, ya que se convierten en figuras modeladoras de respuestas, comportamientos o resolución de problemas, ampliando nuestro catálogo personal de conductas. De ahí que el cine también tiene el poder de trabajar con nuestras fortalezas psicológicas, apreciando y admirando las cualidades proyectadas y su valor para una vida plena y satisfecha.

Las películas pueden motivarnos a lograr algún objetivo. Esto se debe a la fuerza de la energía y la fuerza de los personajes, aunado al poder de la música, el guión, pero sobre todo por las intensas emociones que nos genera. ¿Cuántas películas no terminan inspirándonos a algo?… Así pues, aprovechemos esta ventana de conexión personal para abrir la conversación con nuestros hijos y conocer más a fondo la identificación con ciertos personajes, ciertas tramas y ciertas situaciones de vida.

“Las películas tocan nuestros corazones, despiertan nuestra visión, y cambian nuestra forma de ver las cosas. Nos llevan a otros lugares. Nos abren las puertas y las mentes. Las películas son los recuerdos de nuestra vida”.        – Martin Scorsese –