A pesar de que el ciclo escolar 20-21 terminó con el regreso voluntario de algunos estudiantes a los salones de clases, todavía no se conoce la dinámica real que tendrán los alumnos en el momento en que la agenda escolar tome la rutina híbrida que se plantea hasta el momento. Para el próximo retorno, las escuelas deberán lidiar con el bagaje psicológico con el que llegarán las niñas, niños y adolescentes después de más de un ciclo escolar en el que afrontaron distintos cambios en cada familia; queda claro que cada hogar aún está viviendo los efectos de esta pandemia de manera distinta. Todos tuvimos pérdidas, pero diferentes.
En este corto regreso a clases, no podemos negar que hubo una gran población de niños que no asistieron por el miedo de ellos o su familia ante un latente contagio que representa la convivencia, aún y con todos los protocolos de seguridad. Las autoridades y directivos escolares deben de entender que esta población es la que va a regresar a las aulas en algún momento, los miedos y ansiedades estarán presentes también en la escuela, por lo que es de suma importancia que los planteles integren el tema de la salud mental a la agenda escolar en todos los niveles educativos.
En los colegios se va a concentrar un gran número de estudiantes de todas las edades con algún sentimiento o emoción indicando que la pandemia les ha afectado de alguna manera en su salud mental. Existe un gran número de niñas, niños y adolescentes que no han sido atendidos en este sentido. Las razones pueden ser diversas, desde el nulo hábito que tenemos en la población mexicana para acudir con un psicólogo, o bien, normalizar el sentirnos “nerviosos” o “ansiosos”, hasta la dinámica de hacer todo en casa, estar en el hogar sin poder compartir momentos por el hastío de las tantas actividades que tuvimos que adaptar a nuestra rutina para sobrellevar la pandemia.
Si en el hogar no son vistos o atendidos los niños que presentan ansiedad, estrés, depresión u otra característica que los perturbe, entonces, el tema se trasladará a las escuelas. Por lo que resulta una obligación casi moral y ética que las instituciones estén preparadas para saber qué hacer o cómo canalizar lo necesario a este respecto al interior de las aulas.
Observando la realidad que impera en este ambiente pandémico, si las instituciones particulares de nuestro país desean tener una oferta educativa atractiva, deben entender primero, que la salud mental y emocional es importante para garantizar una formación integral de los estudiantes que forman parte de su comunidad educativa. Con esta mirada en la educación, nos estarán garantizando a los padres de familia que nuestros hijos tendrán las herramientas que les permitirán ser ciudadanos conscientes, con sentido humano, libres y responsables del mundo.
Redacción Komunik-Sintagma