Por Adriana Pacreu Graniewicz
La educación emocional es un proceso mediante el cual se desarrollan habilidades para manejar las emociones con el objetivo de aumentar el bienestar personal y social.
Objetivos según Rafael Bisquerra:
1. Conciencia emocional: (introspección) Observar mi conducta y la del otro en manejo de emociones; causa, consecuencia e intensidad, así como la expresión verbal y no verbal.
2. Regulación, metabolización y modulación emocional: identificar qué siento, por qué, dejarme sentir y buscar una posible solución. Para ello hay que desarrollar tolerancia a la frustración, capacidad de demora, control de impulsos y la capacidad para afrontar varios estados emocionales.
3. Autonomía emocional: que los eventos externos no me sobrepasen emocionalmente.
4. Habilidades socioemocionales: facilitan nuestras relaciones con el prójimo.
5. Competencias para la vida y el bienestar: habilidades, actitudes y valores que llevan al bienestar personal y social. Es necesario reconocer y manejar apropiadamente nuestras emociones para ser un buen modelo para nuestros hijos.
Aceptar a nuestros hijos como son
Desde el embarazo, los padres depositan una serie de deseos en el bebé, sin embargo, a la hora que nace y a medida que va creciendo, deben adecuarlas a la realidad tomando en cuenta la personalidad del niño. Muchas ocasiones, los padres tienen dificultad para aceptar las limitaciones de sus hijos.
Un vínculo familiar significativo se establece al valorar los intereses de los hijos.
Por el contrario, la crítica y la desaprobación crean conductas de desafío, aislamiento y desmoralización. Sin embargo, parte de la madures emocional es aceptar la crítica sin quebrarme. Para ello, es importante enseñarles el cómo: ante una equivocación, reconocer su esfuerzo, verbalizar lo que hicieron bien, dar retroalimentación y hacerles saber que confiamos que lo harán mejor si vuelve a ocurrir. ¡Se vale cometer errores, ya que de ellos se aprende!
Aceptación de uno mismo y de los demás
Somos falibles; es imposible ser perfecto. Si aceptamos esto se reduce la ansiedad.
No perdamos tiempo tratando de convencer al otro sobre cómo pensar y actuar, ya que cada quien da y piensa lo que puede, y cada quien es responsable sobre su conducta. Si tratamos de convencer al otro sobre cómo, solamente provocaremos problemas interpersonales. Tolerar y entender las diferencias es sano. De igual manera, es importante aceptar que hacemos y decidimos “lo que podemos”.
La importancia del juego
El juego es la vía más importante para el desarrollo cognitivo e intelectual del niño, y le ayuda a desarrollar las habilidades sociales; es un lenguaje.
El juego simbólico modela su comportamiento con el adulto y con otros niños.
Cuando los padres se interesan y participan activamente en el juego, favorecen la creatividad y las habilidades del hijo para comunicarse, socializar y solucionar problemas, y proveen un apego seguro. No importa cuál sea el juego, lo importante es que se diviertan!
En el juego social los niños aprenden que hay reglas, tales como: escuchar, tomar turnos para hablar y hacer comentarios, mismas que podrán aplicar en situaciones reales de la vida.
Es importante limitarles los juegos con aparatos electrónicos, ya que aquí no hay un modelamiento ni intercambio social afectivo y social.
La comunicación: escuchar activamente
Dos elementos importantes son: la escucha activa (entender lo que quiso decir el otro) y la expresión honesta y asertiva de los pensamientos y sentimientos.“No existe una verdad absoluta”, es decir, cada quien tiene derecho a sentir y pensar a su manera, por ende, es importante escuchar y validar al otro en su punto de vista. Si el niño se siente escuchado y validado, se reducen la intensidad y urgencia de la emoción. De igual manera, estará más receptivo a escuchar al otro. Por ello es importante dar un espacio del día para “platicar” de lo que sea. Si atendemos y comprendemos lo que la otra persona dice, siente y piensa, ayudamos al cambio en su personalidad. Cuando una emoción es demasiado intensa, difícilmente podremos ponernos en el lugar del otro, por ello se vale dar un tiempo para hablar o pedir ayuda a un tercero.
Empatía y tolerancia
La empatía es la capacidad de ponernos en los zapatos del otro. Escuchar sin juzgar ni criticar reduce el estrés y aumenta la flexibilidad cognitiva y emocional.
Si escuchamos primero, será más fácil que después ellos nos escuchen a nosotros.
Cuando llegue el hijo a contar algo, que le ha ocurrido, es importante tener una comprensión empática; ponernos en su lugar, entender cómo se sintieron y validarlos antes de dar un consejo o lección.
La tolerancia a la diferencia es de suma importancia para generar paz y una sana convivencia, por ello los padres deben saber modelar esto primero hablando de sus propias experiencias y aceptando que todos somos diferentes. Tampoco queremos que nuestros hijos sean igualitos a nosotros.
Educar con el ejemplo
Los niños aprenden lo que VEN y NO lo que les DECIMOS. Por lo que, como padres, es importante trabajar en nuestra propia inteligencia emocional.
Como lo mencionamos antes, somos falibles, no hay padres perfectos, de tal manera que, si se equivocan, lo importante es reconocer, aceptar y pedir una disculpa; ser buenos modelos. Reparar el daño y sanar emociones dolorosas fortalece la inmunidad psicológica.
El hijo se acercará cuando tenga ansiedad y duda si su modelo parental es bueno, pero si se siente desilusionado no lo hará.
Comprensión y apoyo
Carl Rogers propone 7 principios básicos a manera de pregunta:
1. ¿Puedo ser sincero y auténtico?2. ¿Puedo percibir mis sentimientos y aceptarlos?3. ¿Me permito experimentar emociones positivas hacia la otra persona?4. ¿Puedo ser lo suficientemente fuerte para distinguirme del otro? ¿Puedo respetar con firmeza mis propios sentimientos y necesidades, así como los del otro? ¿Soy lo suficientemente fuerte para aceptar emociones negativas, tanto mías como ajenas, sin temer ser destruido?5. ¿Estoy lo suficientemente seguro de mí mismo como para aceptar la individualidad del otro? ¿Puedo permitirle ser lo que él es, o por mi inseguridad necesito que piense y actúe tal y como yo pienso?6. ¿Puedo ponerme en el lugar de la otra persona para comprender su experiencia?7. ¿Puedo aceptarlo incondicionalmente, o mi afecto estará condicionado por su conducta?
Es crucial que nuestros hijos y nosotros mismos aceptemos y toleremos la imperfección y la falibilidad del otro. Asimismo, tenemos que enseñarles a ser fuertes para afrontar cada circunstancia de la vida, ya que no se puede ser feliz todo el tiempo.
Temperamento: ¿aliado o enemigo?
Para Sanson, el temperamento se define como las diferencias individuales en que se reacciona a estímulos externos e internos; patrones de autorregulación motriz y de atención.
Cuando los padres aceptan los rasgos de personalidad de sus hijos, llegan a solucionar los problemas de manera más efectiva. Se da un ajuste entre el temperamento del hijo y el padre cuando las expectativas, valores y demandas de este último son acordes a las capacidades naturales del menor.
Muchas veces, el temperamento de la madre o del padre son el problema, ya que la percepción de estos sobre su hijo puede verse influenciada por la suya propia.
Las variaciones de los niños en sus reacciones, así como la autorregulación de éstas, se relacionan con patrones característicos de emocionalidad positiva o negativa, sociabilidad, atención y concentración. Por lo que la labor de los padres es encontrar la mejor manera de calmar, corregir y estimular a sus hijos.
Resultados positivos referentes al parentaje y variación temperamental muestran:
Atención y respeto a la individualidad, es decir, estar sensible y ser flexible a las necesidades del niño.
Estructurar el ambiente: tomar en cuenta sus necesidades al escogerle escuela, actividades extraescolares y en su socialización.
El constructo del niño difícil: no se debe etiquetar a los niños, pero sí balancear sus necesidades y las de los padres.
No hay niños difíciles, sólo con distintos temperamentos, por lo que los padres deben saber poner límites, disciplina y atender a sus necesidades conductuales individuales.
¿Qué límites poner y cómo? La disciplina
Los límites y las reglas son indispensables para el desarrollo emocional, ya que la vida se rige por éstas. Por tal motivo, la familia y la sociedad son las encargadas de enseñarles el cómo a los niños.
No poner límites a un niño es una forma de maltrato, ya que su mente y su personalidad se desorganizan, lo que lo hace sentirse desmotivado, ansioso y enojado, y por lo tanto se porta mal. Los límites y las reglas dan contención psíquica.
Disciplinar es enseñar, no castigar.Si hay disciplina sin empatía se da obediencia al principio, pero luego desafío; empatía sin disciplina es complacencia, lo que disminuye la iniciativa y resiliencia.
Lo importante no es lo estricto o permisivo que sea un padre, sino el interés, la motivación y el apoyo que el niño recibe de sus padres; hacerles ver que están orgullosos por su esfuerzo mantendrá los límites y la disciplina.
Es de suma importancia que el pequeño reciba retroalimentación positiva y se sienta valorado cuando hace bien las cosas, ya que esto contrarresta el resentimiento. También se le debe enseñar gratitud, así como reforzar sus conductas cuando se preocupa y es empático con los demás.
Cuando se encuentren en crisis o se hayan equivocado, hay que valorar el intento que hicieron por salir de la crisis emocional, platicar sobre nuestras propias experiencias ante un evento semejante y buscar juntos una solución asertiva.
Los primeros seis años de vida del niño son claves para establecer la disciplina.Terry B. Brazelton menciona la importancia disciplina de la disciplina en los primeros logros que son:
Reconocer los impulsos y no dejarse llevar por ellos.Identificar las emociones y saber qué as provoca.Entender los sentimientos del otro y el efecto sobre ellos.Entender el significado las emociones propias, respetarlas y valorarlas.Desarrollar el sentido de justicia y actuar correctamente.Experimentar la dicha del altruismo.
Para que las reglas sean claras y consistentes, dicho autor aconseja que ambos padres las establezcan con sus hijos de acuerdo a las necesidades y edad de estos.
Es importante que los niños entiendan el por qué de cada una; las pondrán a prueba, por lo que tendrán que ser consistentes en la reacción que tengan para evitarles confusión. Y finalmente, será importante darles una revisada de acuerdo al desarrollo de los hijos.
Tolerancia a la incertidumbre
Los adultos tratamos de tener el control de todo, en especial cuando hay angustia, lo cual es imposible, pero si los hijos ven y creen que los padres tienen “todo bajo control” aprenderán a hacer lo mismo. Por lo que es mejor que se acostumbren a tolerar la incertidumbre; las cosas no son siempre como yo quiero, y no pasa nada.
La obsesión por el éxito
Se educa a los hijos para hacerles pensar que sólo son valiosos si consiguen logros, éxito y fama, lo cual está muy lejos de la realidad, ya que la felicidad permanente no existe y experimentaremos distintas emociones de manera constante. Hay que aprender a sentirlas y manejarlas. Es de suma importancia que los hijos prendan que valen por lo que son y no por lo que tienen o han logrado, esto promueve su inteligencia emocional y les ayuda a emplear sus propios recursos emocionales también.
La importancia de la verdad, la honestidad y la congruencia: más allá de lo verbal
Es importante ser honestos con los niños; hablarles siempre con la verdad, pues aunque se les trate de ocultar algo, siempre terminan por enterarse.
Padres y madres experimentan diferentes emociones hacia sus hijos, incluyendo el odio y la agresión. Esto es normal. Lo importante es hacerlas conscientes y procesarlas.
Tener en cuenta la comunicación no verbal, ya que por medio de ésta también se les da información a los hijos; no dar dobles mensajes, es decir, cuidar lo que digo y lo que hago.
No hay recetas secretas: la importancia de la flexibilidadSer congruentes y entender por qué y para qué hacemos lo que hacemos; la mayoría de los padres no se lo cuestionan y terminan repitiendo patrones disfuncionales. Tener en cuenta que se van a equivocar y no pasa nada, pero que están haciendo lo que pueden de la mejor manera buscando hacerlo cada vez mejor. Bibliografía:Peniche-Soto, L.M. (2015) Entender las emociones: una guía para criar hijos sanos y seguros. México: Grijalbo