HABLANDO DE DUELOS, PÉRDIDAS, CAMBIOS Y OTRAS COSAS

Por: Sandra I. Rodríguez Morón

El duelo es el proceso psicológico al que nos enfrentamos tras una pérdida de algo que era parte de nuestra experiencia vital. Por definición, la pérdida de cualquier objeto de apego provoca un duelo, si bien la intensidad y las características de éste pueden variar en gran medida en función del grado de vinculación emocional que teníamos con el objeto, de las propias características o naturaleza de la pérdida y de la forma de ser y la historia previa de cada persona.

Aunque el duelo se asocia inmediatamente a la muerte, las pérdidas pueden ser muy diversas: cualquier cambio genera una sensación de pérdida de la continuidad conocida, situación que nos enfrenta a la sensación de extrañamiento de lo que considerábamos normal y a partir de ahí se despliegan distintos recursos de afrontamiento, variando la respuesta ante el duelo de persona a persona. Ejemplos de duelo van desde rupturas de pareja, cambios de domicilio, cambios de estatus profesional, procesos de enfermedad o de merma funcional, pérdida de la salud, pérdida del estatus de bienestar conocido por uno.

Todos experimentamos cambios, todos somos sujetos de sentir duelo. A veces, pensamos que los niños pequeños “no se dan cuenta de las cosas” y los apartamos de momentos o situaciones en dónde podemos validar con ellos los cambios en su experiencia, nombrar las emociones por dichos cambios y ayudarles a organizar la pérdida como una experiencia familiar, colectiva y temporal.

Sin duda, la contingencia nos ha enfrentado a muchas clases de cambios y de pérdidas a lo largo de ese año y medio. La respuesta emocional ante estos cambios también se ha visto mermada. El año pasado, con la reciente noticia nos encontrábamos de forma general con una activación del sistema nervioso a partir del miedo y de la adaptación a lo nuevo de la enfermedad y a los peligros que nos mencionaban. Después fuimos cambiando la respuesta colectiva a enfrentar pérdidas más cercanas, entre contagios de familiares, decesos, pérdidas de empleo, cambios en la economía… Luego vino la consciencia de la pérdida de la normalidad y de la cuarentena extendida que nos había robado la libertad. Pero ahora, estamos más cerca del retorno a una vida que, no se parece a la que teníamos antes. Y al señalar “lo que teníamos” hablamos de esa sensación de añorar que todo termine para regresar a lo que extrañamos, pero que ya no estará. Sin duda, el afrontamiento a los cambios y seguir sumando pérdidas en nuestra experiencia es una historia que apenas comienza…