Durante el año pasado experimentamos el distanciamiento físico que fue sin duda un aspecto que marcó drásticamente la manera en que nos relacionamos con nuestros familiares, amigo, compañeros de trabajo y demás personas con las que convivíamos durante nuestra cotidianidad.
A nivel físico experimentamos distintos malestares como cansancio, fatiga, trastorno de sueño y otras que afectaron nuestra productividad. En el plano emocional, experimentamos desmotivación, apatía, irritabilidad, ansiedad y demás emociones derivadas del nulo contacto físico y de estar confinados siempre en el mismo lugar.
Los distintos medios que tenemos de comunicación nos apoyaron a seguir en contacto con algunas personas, quizá las más importantes y significativas de nuestras vidas. Esta relación se volvió importante porque es con quienes continuamos reforzando nuestros vínculos emocionales volviéndose en nuestra red de apoyo.
En este inicio de año, continuamos con el riesgo inminente de contagio por lo que aún no recuperaremos nuestra normalidad, debemos de continuar cultivando estos lazos emocionales que nos permiten compartir e interiorizar en un grupo. Así como armonizar y compartir los mismos sentimientos que están experimentando una o más personas de nuestra comunidad, por lo que nos da la posibilidad de sentirnos conectados.
En este confinamiento debemos de continuar fortaleciendo estos vínculos emocionales que nos aportan confianza, seguridad y fortaleza. Elementos que aún a la distancia nos permiten enfrentar los desafíos que a diez meses hemos pasado y de los que nos hemos sobrepuesto.
En compañía de nuestra red de apoyo nos percatamos que somos más fuertes de lo que imaginamos y tenemos cada vez mayor capacidad de adaptación para afrontar de una manera más eficiente las distintas adversidades que la vida nos presenta.
Sentirnos vistos y reconocidos por los más cercanos nos inyecta seguridad y confianza en momentos de incertidumbre; sigamos cultivando la interacción social a distancia.
Redacción Komunik