El cambio es una constante que la vida nos presenta en cada experiencia que vivimos desde que nacemos, por lo que es importante aceptarla como parte inherente a nuestros días.
Los cambios radicales a los que nos enfrentamos una vez anunciadas las distintas recomendaciones que se dieron a conocer para cuidar nuestra salud en esta pandemia, impactaron drásticamente a la población de todas las edades, afectando la manera de vivir y el estado emocional de las personas.
Los adolescentes son un sector de la población con características de cambio biológicas, psicológicas y sociales, quienes además han tenido que enfrentarse a mayores situaciones que les generan un malestar emocional.
Los padres que tienen hijos en este periodo de crecimiento y desarrollo humano pueden observar que el encierro los vuelve más irascibles ya que su libertad e independencia se vio limitada a las cuatro paredes de su hogar que comparten con su familia.
La libertad y la convivencia con sus amigos es lo que más valoran los adolescentes, al reducir su rutina dentro del hogar se producen sentimientos distintos que se mezclan y generan conflictos en el seno familiar. El adolescente constantemente tiene sentimientos de coraje e impotencia generados desde miedo que se vive en el presente e incertidumbre que representa el mañana.
Los padres de familia deben entender que el tiempo de sus hijos también es importante, así como las actividades que realizan en esos espacios. A pesar de saber que al estar resguardados en casa impactará positivamente en la salud familiar, el adolescente se siente aislado, solo, ansioso y desilusionado porque sus planes inmediatos no podrán realizarse.
La familia debe ser una red de apoyo en la que se respeten los sentimientos y emociones que causan este encierro en los jóvenes. Los adultos deben de acercarse con el objetivo primordial de escucharlos con amor y cariño, generando ese espacio de contención tan necesaria para ellos dadas las características del aislamiento sostenido por más de siete meses.
Redacción Komunik