El ambiente social en que confluyen dentro de las instituciones educativas representan diversos retos, uno de ellos es atender las necesidades individuales de su población. Hoy por hoy, las estadísticas mundiales apuntan a la imperiosa tarea de cuidar la salud mental de los niños y adolescentes. Las escuelas deben de proveer programas que garanticen la promoción de factores de protección contra situaciones de riesgo. Los colegios hoy en día deben de responder a las necesidades reales de problemas psicosociales y comportamientos que atentan contra el bienestar de los estudiantes, más allá de garantizar que sus alumnos adquieran conocimientos para un aprovechamiento académico aceptable.
La escuela tiene gran relevancia cuando hablamos de promover el bienestar y salud mental de los integrantes de la comunidad educativa, ya que las niñas, niños y adolescentes pasan gran parte de su vida conviviendo dentro del entorno escolar, por ello es importante que se le pueda proporcionar un ambiente sano y de contención, pues es parte fundamental que determina su futuro. Crecer en comunidad implica que todos asumamos el rol que nos corresponde, y como adultos responsables debemos ser conscientes que se debe trabajar por ambientes libres de violencia.
La salud mental se promueve en los escenarios educativos cuando se apuesta por una Cultura de Paz, en donde se crece la conciencia de que todos somos parte de un bienestar colectivo. Hay que trabajar por crear entornos saludables para convivir y relacionarse con otros individuos, adquirir sentido de pertenencia, promover la sana competencia, la resiliencia, la toma de decisiones y demás elementos que cultivan la salud mental en ellos.
Solo mediante agentes sensibles a la vulnerabilidad que deja expuestos a nuestros alumnos dentro de la virtualidad, y trabajando para detectar a tiempo a las situaciones de riesgo psicosociales que pueden llegar a afectar la estabilidad emocional, reflejada en los cambios de comportamiento en cada estudiante. Cuando miramos estas conductas como señales y atendemos la necesidad subyacente, solo así estamos trabajando en formas de prevención, y no solo en llamadas de atención correctivas ante “el mal comportamiento”.
Es así como creando una red de colaboración entre alumnos, docentes, directivos y padres de familia se puede construir entornos saludables, rompiendo los tabúes que existen en torno a la salud mental, de tal manera que puedan ser identificados con naturalidad, reconociendo como cada uno puede aportar o ejecutar un rol particular en situaciones de riesgo dentro y fuera del entorno escolar.
Trabajar en comunidad por la salud mental de todos los integrantes se traducirá en comportamientos emocionales en equilibrio y mejores resultados académicos que permitirán tener una mejor futuro para cada integrante de la comunidad educativa.
Redacción Kominik-Sintagma