En general de alguna u otra forma toda la población hemos afrontado distintos ajustes en nuestra vida para adaptarnos al ritmo que ha llevado la pandemia.
Con los estudiantes de vuelta a las clases presenciales los docentes observan mayores signos de estrés en sus alumnos, un estrés que es causado por múltiples situaciones, ya sea por el mismo regreso a las aulas, problemas que viven en su entorno familiar o muchas más razones que impactan su salud mental.
Diversos estudios apuntan que dentro los entornos educativos se ha presentado elevación de los niveles de estrés en los alumnos de entre 9 y 15 años. Esto ocurre porque algunos de ellos consideran que no cuentan con los aprendizajes que tuvieron que ser adquiridos en los grados académicos cursados a distancia, otros porque consideran que al estar terminando secundaria no cuentan con los recursos para afrontar, tanto a nivel académico como personal, el nuevo ajuste de la preparatoria. Otros más, ante el encierro y la desconexión personal, han tenido muy poca resonancia social y se han exacerbado los sentimientos de vacío y soledad.
Algunos de los síntomas más comunes según expertos son los signos de angustia, bajo rendimiento escolar y cambios en la convivencia con sus familiares o compañeros. Probablemente en casa los padres de familia o las personas que se encuentran a cargo de los menores hayan notado algunos cambios; también puede suceder que se minimicen las actitudes como consecuencia del encierro durante la pandemia.
Como responsables de la educación integral no podemos invalidar el efecto del estrés en la vida del alumno. Investigaciones demuestran que existe una correlación directa entre el clima social escolar con el factor del estrés, por ello es conveniente que el docente cuente con herramientas para trabajar en el grupo actividades de manejo de estrés, lo cuál no sólo beneficiará el ritmo de la clase, sino además cultivará recursos de autocuidado para los alumnos en el aula.
La práctica docente históricamente nos ha enseñado que busca construir aprendizajes que apoyen a generar una educación integral; por ello canalizar los estados emocionales como reacciones al estrés cotidiano ayudará a un mejor clima escolar apuntando a un mejor aprovechamiento personal y colectivo.
Redacción Komunik-Sintagma & Intedu 360