Históricamente han existido propuestas educativas y pedagógicas que para su tiempo eran innovadoras, en su momento cubrieron necesidades específicas para brindar mejores herramientas a los estudiantes que se incorporaron a las actividades económicas de la sociedad.
Nuestra actualidad ha sido marcada por los avances tecnológicos y le era digital. La tecnología no solo es un recurso clave en la actividad económica, sino que en la vida cotidiana tiene un gran impacto, el sector educativo también ha empleado herramientas para satisfacer las demandas de una sociedad que evoluciona a un ritmo cada vez más acelerado.
Antes de la pandemia, eran muy pocas las instituciones educativas que hacían uso de la tecnología para apoyar a sus alumnos a generar aprendizajes significativos. Con la pandemia se utilizaron ciertos elementos tecnológicos que apoyaron sin duda la continuidad de la educación a distancia y eso generó un impacto en la acomodación cerebral específicamente en los esquemas de cómo aprendemos. Con la mayor parte de los estudiantes del país retomando clases presenciales, la libreta y pizarrón volvieron a ser protagonistas en la metodología pedagógica en el salón de clases regresando al uso de patrones cerebrales anteriores y haciendo a un lado la generación de nuevos estilos cognitivos creados por el uso de las tecnologías de la información. El ambiente puede potencializar o dificultar el proceso de aprendizaje y pensamiento creativo.
Esta acomodación pedagógica como respuesta a la contingencia rompe el modelo del profesor tradicional, constituyéndolo hoy en un neuroeducador, puesto que los nuevos tiempos requieren nuevas estrategias y los recientes descubrimientos que aporta la neurociencia cognitiva develan que la educación actual requiere una reestructuración para que no quede rezagada ante la reciente avalancha tecnológica.
La innovación educativa es una estrategia que debe estar presente como base de la reinvención escolar. Hoy, la ciencia a través del estudio de la conducta, nos dice que podemos aprovechar de las teorías de motivación aquellos elementos que inciten tal activación que despierte curiosidad y entusiasmo en los alumnos, con el propósito de disminuir y controlar los efectos de una conducta de desinterés y apatía en el estudiante.
Todo será factible integrando insignias y aventuras de aprendizaje que al activar la motivación en el alumno favorecen a su vez muchos aspectos comportamentales. Si partimos de la gamificación como un recurso motivador, empleando las insignias como reforzador para reconocer su progreso, sus logros y aciertos el alumno será un agente activo y no pasivo de la clase. Asimismo, las aventuras de aprendizaje además de brindar incentivos fomenta la incorporación de habilidades sociales y emocionales al ir reconociendo comportamientos o actitudes positivas. ¡Por una educación congruente con el siglo XXI!
Redacción Komunik-Sintagma & INTEDU 360